EN BUSCA DE LA FELICIDAD: ¿Un canto a la libertad o a la domesticación?
Una de las premisas que me planteé como básicas a la hora de empezar este blog fue el no hablar de cine (que, por si algún lector no lo sabe, es lo que hago en Natural High y Tierra de Cinéfagos). Así se lo hice saber a mi compañero bloguero JJ y estuvimos de acuerdo. Pero como también me dijo otro compañero cinéfago, Chico Viejo, renunciar a esta parte de mí sería algo que no necesitaba hacer, sobre todo teniendo en cuenta que una de las formas que tenemos de encontrar la felicidad es a través del cine.
Por otro lado, cómo dejar pasar la oportunidad de hablar de una película que está ahora mismo en las carteleras y cuyo título viene a ser una feliz coincidencia con el concepto principal de nuestro blog... No podía hacerlo, está claro. Pero no vamos a reseñar aquí cualquier tipo de película con el estilo que suelo aplicar en los otros blogs, es decir, poniéndole nota, destripando un poco sus cualidades cinematográficas y tal, sino que hablaré de cintas que por su argumento tenga una relación directa con la temática de nuestro nuevo blog.
¿Y qué mejor manera de empezar que con este largometraje? Basada en la historia real de Christopher Gardner, en ella encontramos una interpretación de Will Smith totalmente creíble y con unos matices que sorprenden cuando pensamos en él como aquel histérico muchacho que se hizo famoso con sus canciones de rap y la serie El Príncipe de Bel-Air. De un tiempo a esta parte Smith está llevando a cabo una serie de papeles que le están aportando bastante credibilidad como actor, incluso en cintas aparentemente sencillas como la defendible Yo, Robot. Pero antes de seguir con En busca de la felicidad, veamos quién es Chris Gardner:

Christopher Paul Gardner nació el 9 de Febrero de 1954 en Milwaukee, Winsconsin, y a pesar de los apuros por los que pasó en su infancia y de haber llegado a tener que cuidar a su hijo sin tener un techo bajo el que cobijarse (en la actualidad tiene dos hijos... y todos los techos que quiera), hoy en día es un millonario filántropo que sirve de inspiración para todos los que acuden a sus charlas como gurú de la superación personal o los que leen su autobiografía (que es el libro que ha servido de base para la cinta protagonizada por Will Smith y dirigida por Gabriele Muccino). Y es que Gardner es el ejemplo perfecto de cómo alguien puede llegar a cambiar su vida para convertirla en algo diferente a todo lo que odiaba: si de niño sufría maltratos de manos de su padrastro, decidió que si algún día tenía hijos les trataría con todo el cariño que él no recibió del marido de su madre, y que si estaba en su mano lucharía contra el alcoholismo, la violencia doméstica y los abusos a menores. Esto nos invita a una primera reflexión: ¿es necesario haber vivido un infierno para intentar que los demás no caigan en él? ¿Se puede ser filántropo sin haber conocido antes la miseria y la condición más deplorable del ser humano? Nos gustaría saber qué opináis de esto. Pero ahora volvamos a la historia.

Me preguntaba ayer mi primo pequeño que si esta era "una película de pena", con esa entrañable inocencia de los que aún ven las cosas por una sola cara, sin saber que todo tiene como mínimo dos lados y a veces hasta más (pasar unas horas con un niño no sólo te puede llevar al dolor de cabeza, como muchos piensan, sino que te oxigena las ideas si aprendes a escucharle). Lo preguntó al ver fotos como la situada encima de estas líneas en una revista de cine que ojeaba. Y le contesté que sí, que en ocasiones era de pena, pero que al final da alegría porque el protagonista consigue sus objetivos. Creo que me entendió a la perfección, del mismo modo que cualquiera sería incapaz de encontrar dificultades a la hora de enfrentarse como espectador a En busca de la felicidad, una cinta cargada de buenas intenciones y de digestión fácil y ligera. Un detalle este, el de su ligereza, que unido a su origen de producto bienintencionado basado en hechos reales, ha provocado que algunos comparen el largometraje del que estoy hablando con algún soporífero telefilme de sobremesa, de esos que parecen ideados con la intención de invitarnos a la siesta los fines de semana. Pero encuentro varios detalles que, desde mi punto de vista, salvan a En busca de la felicidad de esta comparación. Para empezar, estamos hablando de una producción de Columbia Pictures pensada para el gran público, con lo cual todo asomo de carencia presupuestaria queda anulado. Pero más importante que el aspecto económico de la cinta me parece el tratamiento que Gabriele Muccino (en su primer trabajo para Hollywood, después de desarrollar con éxito una carrera previa en Italia) le otorga: evita cargar las tintas en los aspectos dramáticos de tal modo que en ningún momento sentí esa molesta sensación de que estaban intentando hacerme llorar a toda costa y, además, no deja que el color de piel del protagonista sea un factor decisivo para su éxito o fracaso, ya que el verdadero Christopher Gardner afirma que el hecho de ser afroamericano no tuvo nada que ver en sus decisiones y en su buena o mala suerte. Haber hecho del personaje de Will Smith un mártir, un símbolo de la raza negra, hubiera sido ir en contra de la verdad de Gardner y hubiera acercado la película al panfleto antiracista que tanto público le hubiera quitado (y no digo que ideológicamente hubiera sido mejor o peor, simplemente digo que es posible que le hubiera restado entradas vendidas). La prueba fehaciente de que la cinta ha convencido a todo el mundo es su excelente recaudación: 252 millones de dólares amasados a nivel internacional. Claro que en ello tiene mucho que ver la estupenda interpretación de Will Smith y el carisma que tiene para casi todo tipo de espectador, además de la química que demuestra en pantalla con su verdadero hijo, Jaden Christopher Syre Smith.

Otro detalle interesante de la cinta (y la novela) es esa falta de ortografía que está insertada deliberadamente en el título, ya que la palabra Happiness (felicidad) aparece escrita como Happyness. Antes de informarme bien y de ver la película me pareció extraño que el término fuera escrito así, pero una vez vista descubriréis que el juego de palabras forma parte del argumento y que hasta tiene un significado muy claro: el hijo de Christopher no puede ser educado correctamente en una guardería en la que no saben escribir bien la palabra "felicidad". Pero creo que ya he hablado bastante de la película (desde luego, bastante más de lo que tenía pensado en un principio), así que va siendo hora de cerrar el post. Una última reflexión antes de dejarlo: ¿creéis que el mensaje que lanza la cinta es que para ser feliz hay que estar dentro del sistema y pasar a ser un empleado más, con tu horario marcado y tus jefes encima de ti? ¿Quién pensáis que sería más feliz, alguien que es su propio jefe y se rige según sus propias normas, aunque gane el dinero justo para ir tirando, o un trabajador con una nómina algo más alta que se tiene que adecuar a unas reglas preestablecidas con las que quizá no esté de acuerdo? Esperamos vuestros comentarios. Gracias de antemano.



disparateros dijo
Vi la pelicula, fue mucho más de lo que esperaba. Pensé que iba al cine a eso; llorar.
Pero nada de eso, bien que la pelicula provoca sentimientos de lastima, al final deja ese sabor de alegría. Caramba el hombre lo logro realmente, lo merecia.
Me hizo pensar en lo mucho que me quejo por el poco sacrificio que tengo que hacer diario.
Sobre la primera pregunta:
En definitiva no es necesario tener una niñez de maltratos y penurias para ser filantropo. Hay muchos...en el momento no viene a mi cabeza el nombre de alguno, pero que tuvieron una niñez feliz.
La historia de esta pelicula me recuerda a esos relatos cortos de estos libros buenos para regalos..."Caldo de Pollo para el alma".
Dejan buen sabor.
21 Febrero 2007 | 04:53 AM